Hoy me he levantado mas temprano de lo habitual alertado por el mozo de establos. La yegua, de nombre Thalía, había dado a luz un precioso potrillo al cual bautizamos como Dorado. Cuando despertaron mi mujer y mi hija yo ya estaba abriendo la posada e indicando a los cocineros el menú de hoy y al saber la noticia inmediatamente fueron al establo y no dejaron solos en ningún momento ni a la madre ni a Dorado un instante, colmándolos de atenciones y adecuando el establo para que estuvieran lo mas cómodamente posible.
Poco a poco los habitantes de Villadorada iban despertando y los pocos negocios ya estaban abiertos, de la puerta de la posada salía un olor particular que atraía a viajeros hambrientos y a habitantes del pueblo sin ganas de cocinar. La posada a media mañana ya estaba repleta y mi mujer se hacia cargo mientras yo salía para cazar y pescar algunas piezas.
Si te gusto la entrada, seguramente quieras suscribirte a mi RSS feed!

















