Tengo una confesión que hacer: Al igual que a Chris Metzen, mi corazón le pertenece a Thrall y la Horda. Thrall no es solo un guerrero excepcional, sino también un estupendo diplomático y alguien cuya entereza y templanza le hacen un líder por el que todos los miembros de la Horda morirían sin pensarlo. Su vida nunca fue un camino de rosas, fue esclavo, fue gladiador, fue shaman, fue líder pero ante todo fue fiel a si mismo y a los suyos.
Cuando nuestras aventuras nos llevan a la península del fuego infernal, descubrimos un grupo de orcos, que, durante muchos años, se han mantenido al margen de la corrupción de la Legión. Al informar a Thrall de dicho hallazgo, deja su trono durante unos momentos en los que esta dispuesto a abandonarlo para ir a ver a “su gente” en Terrallende. Tan solo los consejos de Eitrigg, consiguen devolver la templanza y entereza que tanto le caracterizan, y recibimos la orden de entablar contacto con estos orcos, conocidos como “los Mag’har”.
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